DE LA TRISTEZA A LA FELICIDAD, DEL NO QUERERSE A UNO MISMO AL AMARSE

¿Cuántas veces nos hemos sentido tristes? ¿Cuántas otras solos? No necesitamos mirar demasiado lejos para encontrar alguna cara gris, alguna mirada apagada, algún profundo silencio.

Vivimos rodeados de objetos que pretenden hacernos la vida más feliz, consumimos con rapidez todo aquello que pueda saciar nuestro apetito, incluso nos conectamos con el mundo entero sin movernos de nuestro asiento, y sin embargo nada de esto parece ser suficiente para acercarnos a la felicidad. 

Seguro que podemos recordar algún momento de nuestras vidas, quizás aquellos tiempos cuando apenas sabíamos que el mundo llegaba más allá de las fronteras de nuestro barrio, en los que podíamos reír hasta notar que la risa nos dolía, disfrutar de un bocadillo o de un helado bien saboreado, y sentir que con muy poco lo teníamos todo. O tal vez ese otro instante en el que conocimos a alguien especial, a la persona que nos hacía sentir únicos,  a quien nos provocaba una extraña sensación de vértigo cuando nos miraba y que con tan sólo hacerlo, con tan sólo rozar nuestras manos nos estremecía. O quizás aquél momento en el que, tras una larga y costosa espera, ves por primera vez la cara de tu pequeño, contemplas asombrado el milagro del que has sido capaz casi sin saber cómo, y te sientes tocado por la fortuna, dichoso y grande como un coloso.

Sin embargo, nos empeñamos en creer que la felicidad se compra, que tener más es vivir mejor, que sólo compitiendo con el de al lado, llegando más lejos o aparentando ser los mejores podremos sentirnos felices.

Nos olvidamos de cuál es el bien más preciado que se nos regala al nacer sin otra condición que la de cuidarlo, la de amarlo, nuestro propio ser, nuestra identidad, somos únicos y por tanto especiales tan sólo por ser como somos.

Si hoy cuando salgas a la calle te cruzas con alguien cabizbajo, prueba a regalarle tu sonrisa. Si hoy eres tú el que no encuentras motivos para levantar tu cabeza, no esperes a que tu mundo cambie, empieza por ti y, aunque sólo sea por un instante, regálate una sonrisa y piensa que nadie mejor que tú sabe lo que necesitas y por eso nadie mejor que tú para encontrar el camino a tu felicidad.

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Modificado por última vez en Domingo, 04 Octubre 2015
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